La almohada y sus dos lados
Nada más sobrecogedor
que acostarse,
cerrar los ojos,
y esperar el sueño
mientras afuera la tormenta embiste.
Entonces mis manos cansadas
buscan el lado frío de la almohada,
y hundo la carita entre las sábanas.
Afuera, el agua que cae.
Adentro, algo muere por enésima vez,
al saberte durmiendo
en tu ingenuidad,
desconociendo mi pena.
que acostarse,
cerrar los ojos,
y esperar el sueño
mientras afuera la tormenta embiste.
Entonces mis manos cansadas
buscan el lado frío de la almohada,
y hundo la carita entre las sábanas.
Afuera, el agua que cae.
Adentro, algo muere por enésima vez,
al saberte durmiendo
en tu ingenuidad,
desconociendo mi pena.
